domingo, 2 de diciembre de 2018

Barro

Imagen sacada del periódico: 20minutos
Hace muy, muy poquito, fui de excursión a ver Barro una obra escrita por Nando Lopez y Miguel Clua y dirigida por José Luis Arellano García. Es la primera parte de una tetralogía llamada Mapa de las ruinas de Europa. Esta primera parte, ambientada en la Primera Guerra Mundial, reflexiona sobre lo que hoy se conoce como Europa. La obra, producida por La Joven Compañía, se esta representando en la sala negra de los Teatros de Canal, en Madrid, hasta el 23 de diciembre.

Barro nos muestra esta guerra desde el punto de vista de jóvenes franceses y alemanes que tuvieron que ir al frente cuando la guerra no iba con ellos. Engañados, llegan al frente, pensando que todo sería rápido, pero cada día el conflicto se alargaba y la esperanza de volver a casa cada vez era menor.

Cuando supe el contexto de la obra tuve miedo, soy una persona que empatiza muchísimo y no me gusta ver una obra de teatro sin que me haga sentir nada pero veía de una forma tan lejana el siglo XX... Que tenía miedo de no sentir nada, pero fue todo lo contrario. He conectado tanto con los personajes que sufría con ellos, no dejaba de desear un final feliz aunque eso solo existiera en los cuentos de hadas. Todos y cada uno de los personajes me han hecho sentir cosas increíbles.

Creo que aunque el escenario era muy simple, era idóneo. Los actores le dan la fuerza suficiente como para ser uno muy recargado. Además de que tenían el apoyo de la iluminación, la cual mostraba tras ellos un pequeño mapa y nos iba explicando un poquito lo que pasaba durante ese tiempo, tenían también un rapidísimo punto a favor que fue estar tan cerca de los espectadores, lo cual hacía te metieras muchísimo más en las historias de estos jóvenes.

Salí tan fascinada que volvería a verla mañana mismo, me sentí como si los personajes hubieran formado parte de mi vida y no dejaba de reflexionar sobra qué haría si a mi hermano le pasara algo de eso. Tras ver la obra he dejado de creer que la Primera Guerra Mundial era muy lejana a mi pero ahora se que aún hay gente que sufre por todo lo que pasó tras tantas pérdidas.
Estaba tan metida en la historia que a pesar de estar llorando y de saber que necesitaba un pañuelo no fui capaz de moverme, no estaba dispuesta a perderme ningún matiz y es que la obra no sólo tenía un hilo argumental, cada personaje sufría la guerra de una manera y tenía una historia que contar. Había veces que unía varias historias lo que te hacía darte cuenta de las cosas que pasaban simultáneamente, unos buscando ganar, otros simplemente sobrevivir y todo ello ocurría al mismo momento.
La obra es un claro ejemplo de lo que dijo Erich Hartmann: "La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan", pero se muestra de una manera tan personal, que ha sido ahí cuando he sido totalmente consciente de que la frase era real.
La representación te hace reflexionar continuamente, ya no solo sobre la guerra sino también sobre el amor, la necesidad de esperanza que tiene el ser humano...
En conclusión, no podría haber salido tan emocionada de la sala, me llegó al alma e incluso me costó asimilarla más tiempo de lo que la propia obra duró, me he quedado con una espinita clavada y creo que ha cambiado mi forma de ver las guerras, tanto las pasadas, como las futuras.
Hablando con uno de los actores, me ha dicho que para él lo mas complicado fue hacer que llegara "la esencia de la guerra" desde que llegan hasta que vuelven, que ya ninguno vuelve a ser el de antes. También el introducir cosas que no eran aceptadas a principios de siglo como lo es la homosexualidad y que, por supuesto, se viese todo ello real

Barro, una sola palabra que resume, no solo esta obra y esta guerra, sino todas ellas.